De jeroglíficos egipcios… Y mayas

champollionfoto

Jean-François Champollion

La historia del desciframiento de los jeroglíficos egipcios es bastante conocida. Si a alguien le preguntan, a poco que haga memoria le vendrán algunos nombres relacionados a la mente: Napoleón, Piedra de Rosetta, Champollion…

Esta historia trata, básicamente, de cientos de estudiosos y académicos estrellándose durante décadas contra los jeroglíficos tallados en los templos o dibujados en los papiros sin ser capaces de descifrarlos. Proponían traducciones para ciertos escritos basados en poco más que lo que ellos pensaban que decían y se empeñaban en interpretar los dibujos de forma literal —es decir, que si veían un pájaro, pensaban que a la fuerza tenían que estar hablando de un pájaro.

Fue un advenedizo en el mundo académico, un joven llamado Jean-François Champollion, quien dio con la clave y fue capaz de descifrar los jeroglíficos de la Piedra de Rosetta y, a partir de ellos, comenzar a traducir otros textos egipcios. La Piedra de Rosetta fue uno de esos descubrimientos de los que ocurren una vez cada mucho tiempo: una inscripción en la que aparece un mismo escrito en tres idiomas. Esto puede parecer extraño, pero no lo es si pensamos que el texto contenido es un decreto legal sobre una exención de impuestos y el hecho de estar en tres idiomas era lógico en un lugar en el que esos idiomas estaban en uso: los textos legales como este se colocaban en lugares públicos para que todo el mundo —que supiera leer— pudiera leerlo. Así pues, esto es la Piedra de Rosetta: un texto legal escrito en griego antiguo, demótico y hierático.

La clave era la de pensar que una parte de los jeroglíficos no eran ideogramas, sino fonogramas, es decir, que los jeroglíficos no siempre representaba ideas, sino que también podían representar sonidos.

Rosetta

La Piedra de Rosetta

Champollion no llegó a la comunidad académica de la época, expuso sus teorías y fue aceptado sin problemas. Como ocurre en la mayoría de las ocasiones, sus hallazgos fueron rechazados simplemente por los prejuicios que ocasionaba su juventud entre los estudiosos. Y es que no es fácil para los académicos veteranos que llegue alguien a quien consideran inexperto y le diga a todo el mundo que llevan décadas completamente equivocados… Pese a la inicial oposición, los estudios de Champollion pronto se demostraron acertados y supusieron una completa revolución del la egiptología.

Hasta aquí la historia, más o menos conocida y muy resumida, del desciframiento de los jeroglíficos.

La Historia no se repite, pero a veces tienen lugar hechos muy parecidos, como es el caso del desciframiento de los jeroglíficos mayas. Esta historia es infinitamente más desconocida, pero en cierto modo más impresionante.

Es cierto que la escritura jeroglífica egipcia la descubrió un francés, pero a cualquiera que uno le pregunte sobre la escritura maya, probablemente responda que fue alguien de México, o puede que alguien de Estados Unidos… Pero no, la persona que descifró la escritura maya se llamaba Yuri Knórozov, nacido en la Unión Soviética.

Knórozov inició estudios en etnografía y egiptología en 1940, pero éstos se vieron interrumpidos por la Operación Barbarroja. La invasión de la Unión Soviética por parte de Alemania hizo que Knórozov se alistase en el Ejército Rojo, lo que eventualmente le llevó a participar en el asalto a Berlin. Allí fue donde Knórozov entró en contacto por primera vez con la escritura maya.

La leyenda cuenta que Yuri Knórozov entró en la biblioteca Nacional de Berlín, que estaba en llamas, y logró rescatar dos valiosos códices mayas que llevó consigo de vuelta a Moscú. La historia real es algo más profana: al parecer Knórozov entró en la biblioteca, sí, pero ésta no estaba en llamas, y el códice maya fue llevado a Moscú, sí, pero no fue un rescate del fuego, sino un expolio de un objeto anteriormente expoliado. Sea como fuere, el códice llegó a Moscú.

Tras terminar la guerra, Knórozov continuó sus estudios, centrándose en las escrituras del mundo antiguo y a partir de los años 50 comenzó su trabajo con las escrituras mayas.

Es curioso cómo los seres humanos somos capaces de cometer los errores del pasado, pues lo que estaba ocurriendo con los jeroglíficos mayas era lo mismo que había ocurrido más de un siglo antes con los egipcios: se veía la escritura como puramente ideográfica y no se contemplaba el sentido fonético. Tuvo que ser nuestro protagonista quien señaló este hecho y cambió el rumbo de la investigación en escritura maya.

En 1998, un año antes de su muerte, rubricó su carrera con una excelente frase:

«Cualquier sistema de escritura creado por el ser humano puede ser descifrado por el ser humano»

Y ahora llegamos a la parte por la que en realidad he escrito todo esto, que no era por contar la historia de los desciframientos de escrituras jeroglíficas, sino para tener una excusa para mostrar la magnífica fotografía de Yuri Knórozov.

Knorozov

Yuri Knórozov

Sí, este es el genio que descifró la escritura maya. ¿A que nadie lo diría? Más bien parece la foto de un villano de James Bond, o de un vampiro transilvano, pero está claro que no tiene pinta de ser una de las personas más importantes en la historia de la investigación mayista.

Definitivamente, creo que estamos posiblemente ante la mejor fotografía de un académico en humanidades. Con ese estilazo, ¿cómo no iba a descubrir algo importante?

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